¡Andar descalzo es saludable!

Los pies humanos, tanto como las manos, no están diseñados para permanecer encerrados por largas horas en un par de zapatos, los cuales limitan grandemente la ventilación y el movimiento apropiado. Sólo imagínate lo que le pasaría tus manos si las tuvieras confinadas en un par de guantes ajustados – como guantes de boxeo por ejemplo – un promedio de 8 a 10 horas diarias, durante toda tu vida: ¡Se te inutilizarían!

De la misma manera, la mayoría de gente prácticamente atrofia sus pies al confinarlos en zapatos (ajustados y mal diseñados en la mayoría de casos) la mayor parte de su vida. Al usar zapatos todo el tiempo, la mayoría de gente interfiere en el desarrollo natural de sus pies. Esto crea huesos y músculos “holgazanes” que, a su vez, necesitan más ayuda y soporte progresivamente con el avance de la edad.

Ponle atención a estas imágenes comparativas abajo, las cuales han sido tomadas de un estudio que se hizo hace más de 100 años, publicado en 1905 en el Diario de Cirugía Ortopédica Americana (American Journal of Orthopedic Surgery), mostrando la diferencia entre un par de pies de un nativo de las Filipinas, quien nunca usó zapatos (Fig.1), y los de una persona occidental, cuyos pies han sido deformados por el uso constante de los zapatos (Fig.2)

HealthFigs

Pensarás que el par de zapatos “natural” en la Fig. 1 son totalmente extraños, hasta desagradables, ya que no se parecen a ningún par de pies a los cuales estamos acostumbrados a ver en nuestras sociedades actuales. ¡Sin embargo, nota la impresionante semejanza en las plantas de estos pies con las de los pies de un bebé recién nacido! Ahora, tú puedes llegar a tus propias conclusiones acerca de cómo los zapatos interfieren en el desarrollo natural de los pies humanos.

Aún que puede ser que nuestros pies no logren de nuevo el estado “natural” simplemente por descalzarse, lo seguro es que ganarán algunas cosas importantes tales como: dedos más rectos y una estructura ósea y muscular más fuerte.

Algunos de los beneficios que se pueden atribuir a andar descalzo con regularidad son:

  • Eliminación del mal olor: Un par de pies que se ventilan apropiadamente no tienen el característico mal olor que nos disgusta a todos. Un par de pies tiene en promedio aproximadamente 250,000 glándulas sudoríparas, las cuales excretan tanto como 1 ¼ tazas (285 centilitros) de humedad en forma de sudor al día. Si ésta humedad permanece encerrada en un par de zapatos, añadida a las células muertas que se desprenden naturalmente de la piel de los pies, se convierte el alimento perfecto para una variedad muy grande de bacterias que causan el nauseabundo “aroma”.
  • Piel saludable: Mientras los pies se ventilan naturalmente, no retienen humedad y no promoverán el crecimiento y desarrollo de bacterias y hongos tales como el famoso pie de atleta. De manera que la piel se mantiene mucho más saludable.
  • Uñas saludables: Cuando éstas están al descubierto y no tienen presión sobre ellas, las uñas crecen más rápidamente, más rectas y más fuertes.
  • Menos callosidades: Los callos se desarrollan como resultado de la presión y el roce de ciertos puntos en nuestros pies por parte del calzado. Andar descalzo promueve el desarrollo adecuado y parejo de unas plantas fuertes y saludables, las cuales son virtualmente libres de callosidades o endurecimientos.
  • Arcos plantares fuertes: Andar descalzo permite que nuestros pies se muevan naturalmente y que se desarrollen apropiadamente, y esto incluye los arcos. El calzado puede poner presión sobre la parte superior de nuestros pies, así interfiriendo con el movimiento natural y el “rebote” y elasticidad de los huesos, músculos y ligamentos de los pies. La mayoría de zapatos y sandalias proveen soporte extra para los arcos. Esto, con el correr de los años, puede debilitar la estructura natural de nuestros pies; lo cual resulta en un caso de “arcos holgazanes”.
  • Sensibilidad táctil mejor desarrollada: Contrario a las creencias populares, andar descalzo ayuda a desarrollar las propiedades táctiles y sensibles de nuestros pies. De hecho, el andar descalzo, “despierta” las terminaciones nerviosas en la superficie cutánea de los pies, permitiendo que éstas funcionen apropiadamente para “sentir” naturalmente – así, ayudándonos a estar mejor conscientes de nuestro entorno.
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